Entrevista a Ariel García en la revista estadounidense Punto Magazine

 photo Corregida 004_zpsl45junob.jpgMe honra que la dirección de la prestigiosa revista estadounidense Punto Magazine, considerara de interés acordar conmigo una entrevista de opinión profesional, reconocimiento que he aceptado con inmensa gratitud. En la charla, se tocan temas diversos relacionados con la labor del realizador audiovisual. Para los compañeros que desconozcan Punto Magazine, informo que se trata de una revista bilingüe (inglés / español), orientada a fotógrafos y realizadores audiovisuales. Durante el año, realiza talleres, una muestra en Los Angeles, CA., y participa como patrocinadora de otras exposiciones importantes, como la NAB Show, que tuvo lugar el mes pasado en Las Vegas.

Transcripción de la entrevista:

Ariel García nació en Rosario, Argentina (1960). Ejerce el oficio de realizador audiovisual, de manera continua e independiente, desde el año 1990. Miembro fundador de FyVPAR (Fotógrafos y Videastas Profesionales Argentinos).

Su estudio abarca una amplia diversidad dentro del plano de la realización audiovisual, entre las que destacan la composición de cortometrajes, construcción de videos institucionales y estructuración de guiones. Se ocupa, además, de cubrir gran parte de la franja donde podríamos situar los eventos “sociales” (aunque, según sus palabras, casi cualquier evento lo es).

Ha escrito Guías y Tutoriales, abarcando diferentes temas técnicos dentro del universo audiovisual y lleva publicados más de ochenta artículos en los que reflexiona respecto al realizador de videos y su entorno. Desde el mes de marzo, Ariel García, forma parte del staff de colaboradores de la revista Punto Magazine, sitio donde cada lunes publica sus escritos.

Punto Magazine: ¿Cuándo y por qué nace la idea de sumar tus artículos al contexto de la realización audiovisual?

Ariel García. Mi propensión a la literatura fue un componente significativo para que la idea de compartir, con mis compañeros, reflexiones y posturas, buscara proyectarse por medio del artículo y el relato; luego, tendencia literaria y convicción de haber hallado en el artículo una vía conveniente para el propósito, tornarían en acción concreta, en texto publicado. Sostengo que con la palabra escrita también es posible trasladar y reformular conceptos relacionados con el entorno, lo que presupone, en cierto modo, que yo apuesto por la fuerza de la palabra como recurso transformador de ideas, por lo menos en principio. Luego, y entendiendo que no todos los actos humanos se reducen o circunscriben sólo a su terreno, llegarán las reflexiones conjuntas y las obras, los debates y las reformas necesarias.

Punto Magazine: En uno de tus artículos, “El cazador audiovisual”, respaldas la noción de que el trabajo es el sustituto de la caza, llegando a deducir que, en el ámbito de los realizadores de videos, “la videocámara sería sucedánea del arma y la imagen de la presa”. En ese contexto ¿qué lugar ocuparían tus artículos?

A.G. En ese mundo de representaciones que evoca el artículo que refieres, yo anhelaría que mis textos simbolizaran las reflexiones del cazador primitivo que, habiendo “cocido e ingerido la presa”, se ha sentado en la orilla del río; que significaran los razonamientos y las meditaciones que, aun con fonética y gestos elementales, se arriesga a compartir con el “grupo cooperativo cazador”. Sin olvidar mis limitaciones, siempre he intentado que mis escritos aportaran un grano de arena e incentivaran el espíritu crítico.

Punto Magazine: Querría conocer tu pensamiento sobre tres temas puntuales, relacionados con el mundo del videógrafo.  Si te parece bien, me gustaría comenzar con: “Arte”. ¿Cuál es, para ti, su importancia dentro del terreno de la construcción audiovisual? ¿Cuándo consideras que un profesional del video lo ha podido alcanzar?

A.G. En septiembre del año pasado se realizó aquí, en Argentina, el Primer Encuentro de Realizadores Audiovisuales, una idea de la Sociedad de Fotógrafos Y Videastas Profesionales de Rosario; cuatro personas disertamos en él. En aquel momento, narré al público una breve historia que me gustaría reproducir aquí, y con ella, dejar mi respuesta a tus preguntas. En una ocasión, un productor televisivo de mi ciudad, me dijo:

—Ustedes (cuando dice “ustedes” se refiere a los realizadores de videos “sociales”), lamentablemente nunca van a poder construir un producto marcadamente artístico debido a que éste está condicionado por un valor comercial. Ustedes necesitan, sí o sí, cobrar el trabajo, convertirlo en remunerativo, el tiempo los corre y no pueden permitirse las licencias de un artista.

Esto es ridículo, una deducción torpe y obtusa. Salvando las distancias, pero manteniendo la dirección del concepto, acaso los grandes artistas: Leonardo, El Greco, Boticcelli… ¿no trabajaban por encargo, cobrando por sus obras? El Greco tuvo, incluso, un altercado con el párroco de la Iglesia de Santo Tomé, quien le había encargado la que hoy es considerada su obra más conocida: El entierro del conde de Orgaz. El párroco había considerado excesiva la tasación de la pintura en 1.200 ducados, lo que determinó una nueva tasación aún mayor (1.700 ducados); ante este hecho, el miembro de la iglesia la declaró nula y decidió pagar al Greco el importe inicial.

Traigo esta anécdota, relatada en forma breve e incompleta, para desterrar la idea, a veces extendida, de que “arte” y “valor comercial” están peleados a muerte. Cuando los realizadores audiovisuales, por medio de nuestra obra, con su estética y su dinámica, logramos, entre otras cosas, mover o despertar emociones en el cliente estamos acariciando una manifestación artística; y esto puede lograrlo, ante todo, un videasta sensible; no importa el status social, no importa si nosotros consideramos mediocre o sublime su trabajo, sólo importa la comunión que entre él y su cliente se ha celebrado, ya que éste, el cliente, ha podido llegar por medio de un producto audiovisual a una conmoción afectiva, intensa o breve, no interesa: el realizador ha impresionado al cliente, éste ha podido apreciar cómo el acontecimiento se completa desde los ojos del otro, los ojos del realizador de videos; el trabajo del realizador ofrece una nueva perspectiva a la memoria del cliente.

Cuando, al citar las palabras del productor televisivo, agrego entre paréntesis realizador de videos “sociales” lo hago entendiendo el término en su acepción coloquial, porque si aceptásemos el concepto en toda su longitud debiéramos admitir que “video social” podría englobar a la inmensa mayoría de los existentes, incluso los que han registrado la actividad de una colonia de abejas.

Punto Magazine: Estilo.

A.G. Una manifestación, engendrada o descubierta por la inventiva, que ha logrado evolucionar, multiplicarse y mutar parte del escenario. Una expresión estética de naturaleza perenne, muy propensa a brillar y luego esconderse por largos períodos de tiempo, lo que no significa que desaparezca para siempre; en cualquier momento, podemos volver distinguir sus rasgos lejanos en tendencias nuevas y dispares.

En nuestro ámbito, un estilo se debilita cuando la reiteración desmedida y monótona lo carga con un enorme peso desfavorable y esa sensación es fijada como valor de verdad dentro del colectivo; estoy refiriéndome a que, según mi posición, la corriente pierde vigor cuando la imagen deprecia su condición de intercambio y deja de asombrar, quizá, también, de emocionar. Cada estilo revela una cosmovisión y, en cierto modo, una forma obligada de ver e interpretar el acontecimiento. Y con esto recuerdo a Bajtín, con quien el lenguaje (para nosotros la expresión audiovisual) adopta la forma de un arma social “refleja la realidad, pero también la construye y la determina”.

Punto Magazine: Profesional.

A.G. Yo he hecho de la realización de videos mi profesión; según esta aseveración su ejercicio me convertiría en un profesional, aunque tal vez podríamos convenir en que esta posición, de por sí, no es sinónimo de idoneidad. En otras palabras: el mero hecho de practicar un oficio y la pretensión de seguir haciéndolo (mientras estas acciones no vayan acompañadas de otros atributos) no significa que estoy calificado para ejercerlo adecuadamente en todos sus aspectos.

Algunos colegas y amigos, consideran que los realizadores debiéramos ser evaluados sólo por el fruto de nuestro trabajo, desechando cuestiones laterales al oficio; he aquí una de las diferencias, ya que podemos no coincidir con los límites abarcados por lo “lateral”. Mi respuesta a ello siempre ha sido que la totalidad de esa consigna podría tener relativa validez tratándose de manifestaciones donde el creador trabaja sumido en cierta soledad (un escritor, por ejemplo) pero que en nuestro caso, donde muchos nos involucramos en diferentes niveles dentro de las relaciones personales, lo que nos convierte en “profesionales idóneos” es una conjunción de cualidades, entre las que tienen gran peso la capacidad para tratar y respetar a las personas con las que mantenemos un trato dentro del ámbito comercial, la buena predisposición que manifestamos ante cambios de rumbo o imprevistos, nuestra capacidad para “ver” y “valorar” el mundo del otro… en fin, no sólo lo referente al espacio técnico o de la estricta ejecución.

Punto Magazine: Podríamos coincidir en que, en los últimos años, la tecnología ha puesto en manos del videógrafo herramientas que le permiten alcanzar, en verdad, magníficos resultados. ¿Crees tú que con ella basta? ¿Se ha transformado la faz tecnológica en la pieza más importante de la composición audiovisual?

A.G.  Nadie podría negar que la tecnología logró acercar, también a los realizadores audiovisuales, magníficas herramientas para el desempeño de su labor; pero, según mi criterio, no debiéramos abrochar a sus acelerados pasos la totalidad de nuestros empeños.

Muchos, entre los profesionales interesados por avanzar en esta actividad, entendemos que invertir en conocimientos y equipos es también un esfuerzo por acrecentar el capital fundamental al servicio de quienes llegarán a contratarnos. Sin embargo, en ciertas ocasiones, nuestra excesiva preocupación por lo técnico termina descuidando otros aspectos no tan palpables pero igualmente importantes, lo que determina de algún modo una pérdida del equilibrio; estoy refiriéndome a que, en muchas, muchas circunstancias, intentamos acentuar aspectos que el cliente podría no valorar o, sencillamente, no vino a buscar especialmente.

Si me pidieras manifestar cuál es, para mí, el valor que no debiera subestimarse ni dejarse jamás de lado desde que ha iniciado el proceso de la construcción audiovisual, no dudaría en nombrar: la sensibilidad. La sensibilidad del realizador. Quizá existan estrategias puntuales para prescindir de ella, pero tratándose de una condición que encierra cierta intimidad desconfío del éxito de tales posibilidades; buena parte de lo recogido con nuestra cámara, en la mayoría de las celebraciones, será recuperado más tarde en forma de felicidad, y esto es algo tan hondo que no se puede definir y mucho menos reglar. Que otros revivan una racha de esas emociones en la atmósfera de la película es, para mí, una pretensión y un propósito; sospecho que si como compositores no lo logramos, la ceguera del espectador podría tornarse en el mejor cómplice de su olvido y también de nuestra decepción.

Punto Magazine: He leído respecto a la importancia que das a la literatura en la realización de videos, ¿por qué la consideras relevante en este campo?

A.G. Es cierto, he escrito bastante al respecto. Aún sigo sosteniendo que leer nos abre el camino para el ejercicio de la representación, acercándonos una idea más ordenada en lo referente a la concatenación de los planos y esquemas visuales, ya que pudimos imaginarlos, antes, inmersos en la lectura de algún libro. El universo literario posee muchos puntos de contacto con el videasta y su tarea. El expresionismo, las atmósferas densas o distendidas, la visión del mundo y el tipo de indagación reflexiva, como algunos de los innumerables componentes de una novela, podrían convertirse en recursos de provecho frente a la necesidad de vertebrar un guión; en tal caso los procedimientos asimilados en la lectura simplificarán las distancias.

Punto Magazine: Existen videógrafos que centran su mayor preocupación en el conjunto de las imágenes, relegando al sonido a un plano menor ¿qué piensas tú respecto a esto y al agregado de música a la imagen?

A.G. Imagen y sonido son, como sabemos, componentes cuya naturaleza no siempre permite la combinación; pero me gustaría ir más allá de este evidente concepto. Considero el agregado de música a la imagen dinámica una alternativa importante e indispensable cuando entiendo, por supuesto, que el caso lo amerita; pero es posible que aun afinando nuestro criterio en la elección de los temas no logremos, en todos los casos, despertar en el público las reacciones imaginadas. Me sucedió una vez, compaginando una antigua filmación familiar protagonizada por chicos, en Súper 8, que pretendiendo revivir parte del sentimiento pasado decidí acompañar las imágenes con una composición dulce, más tarde algunas personas del entorno juzgaron que el ritmo musical debió ser rápido pues esa sería la forma en que reavivarían la alegría de aquel momento. Mi verdadera intención había sido traer la emoción agradable y, sin embargo, dejé la melancolía. No siempre basta un sonido claro, limpio y perfectamente audible.

Adivino en el material sonoro una esencia menos gobernable que la que compone la imagen. Un niño no estructura una frase completa hasta los dos o tres años, más o menos, sin embargo en todo ese tiempo creemos comprender lo gestual.

La figura del cantante no tiene el mismo hechizo que su canto. El lenguaje oral es tardío, transmite sensaciones que cada uno de nosotros suma a sus disímiles representaciones. Todo sonido es mágico para el hombre; esta impresión tal vez tenga su génesis en la necesidad primitiva de asociar fonemas a una idea o cosa específica y al desarrollo de esta conducta en la manifestación del pensamiento. Si mi presunción fuese correcta, en este aspecto se hallaría buena parte de la naturaleza imprevisible del sonido, como la dificultad para alcanzar cierta “universalidad” en el plano de nuestras percepciones, aspiración que, a pesar de la diversidad cultural, podríamos acariciar en mayor medida con la imagen.

Punto Magazine: Te gustaría añadir algo para terminar.

A.G.  Sí; en primer lugar quiero dejar mi gratitud al grupo que compone la revista Punto Magazine por dar un espacio a mis reflexiones, y un reconocimiento especial para Mónica Pucciarelli, por la cortesía y la cordialidad que la caracterizan.

Para concluir, y en otro orden, instar a mis compañeros realizadores a agruparse, a conformar sociedades o entidades que los representen y respalden, donde la fuerza del grupo constituya un verdadero apoyo; exhortarlos a unirse para compartir antes que alejarse para conservar y a no olvidar aquello de que “la unión hace la fuerza”, una frase que, debido a la combinación precisa de sintaxis y vigor de contenido, no pudo desgastar la repetida pronunciación. Hasta pronto.

Punto Magazine agradece a Ariel García por compartir sus conceptos desde este espacio.

Enlace a medio donde originalmente se publicó la entrevista:

http://puntomagazine.net/?p=4969

Gracias por la lectura.

Ariel García
Realizador de Videos
Ariel García

Crea tu insignia

FIlosofía del Video Social / Tesis de Ariel García

 photo La Escuela de Atenas FINAL FINAL CON ILUMINADOR EN MANO_zpsaakigsa5.jpg

Hace poco más de un año, comencé la escritura de una tesis que podría juzgarse ambiciosa: “La Filosofía del Video Social”, con algunas entregas traducidas al idioma inglés. En mi enfoque, la Filosofía del Video Social se concibe como un sistema que estudia el modo en que los realizadores audiovisuales “crean” el video social y ahonda tanto en el contexto donde ejercita su labor como en el propósito final de la obra que compone. Podemos deducir que se trata de un proyecto inacabable, una característica favorable, según mi criterio, ya que permite dejar siempre abiertos los espacios para la reflexión. Gracias por la lectura.

Filosofía del Video Social / Proyecto de Ariel García
https://www.facebook.com/filosofiadelvideosocial

Ariel García

Crea tu insignia

Nominación al premio “Lente de Oro 2015”

 photo VIDEOMAKER DEL ANtildeO 05_zps9batq3or.jpg

La noticia me ha dado mucha felicidad. Ayer me comunicaron que estoy nominado al premio “Lente de Oro”, como mejor videógrafo internacional 2015. La lista está integrada por realizadores audiovisuales de diversos lugares del mundo, personas a quienes admiro y respeto. Acepto con humildad el reconocimiento, que impulsa a seguir superándose en este oficio de “rescatador de recuerdos”, donde tantas veces conquistamos con la imagen y mostramos con la palabra. Mi gratitud y cordial saludo para todos los compañeros.

Más información: Lente de Oro 2015

Ariel García

Crea tu insignia

Ariel García formará parte del Jurado en Inspiration Awards Edición 7 / Brasil

 photo Inspiration Awards FINAL_zpsrfftmcci.jpg

Quiero compartir este inmenso orgullo con ustedes. Hace unos días, me llegó desde Brasil una grata invitación; Frankie Costa, fotógrafo brasileño de elevada jerarquía profesional y Director Ejecutivo de Inspiration Photographers, me proponía formar parte del jurado en la Séptima Edición de Inspiration Awards, el mayor directorio de fotógrafos y videógrafos de América Latina, responsabilidad que acepté con gusto. Me encargaré de examinar y calificar una determinada cantidad de realizaciones audiovisuales, enmarcadas en el sector de las bodas. El jurado, al que ahora me he incorporado, está constituido sólo por tres personas; mi felicitación y respeto para los dos compañeros con quienes, en el área del video, compartiré este compromiso: Pablo Costa (España) y George Kasionis (Grecia).

Jurados Inspiration Awards 7 / Brasil

Ariel García

Crea tu insignia

Salir a contar mi oficio

 photo Ariel Garciacutea 003 Seminario CA_zpswfvcbnrb.jpg

En muchas oportunidades diserté ante colegas, pero estas ponencias nunca cruzaron el cerco profesional; es decir, el seminario estaba orientado exclusivamente a compañeros videastas. La experiencia vivida la pasada semana en la Expo Boda y Quince Rosario 2015, dirigiéndome a un público masivo (no profesional) interesado en realizar una boda o fiesta de quince años, volvió a convertirse en una ocasión memorable. Del mismo modo que obrara en la Expo 2014, intenté trasladar lo mejor de mis años de labor ininterrumpida y dejar en los asistentes las sugerencias más honestas y consejos que consideré les serían de provecho.

¿Por qué he aceptado la invitación que me hicieran llegar los organizadores del evento? Porque ese público al que me dirigiría forma parte de la sociedad que hace necesaria mi existencia como realizador de videos. Porque entendí y entiendo que nuestra actividad no se desarrolla en un ámbito aislado sino comunitario. Porque he querido y quiero profundizar mi compromiso con quienes favorecen el desarrollo de mi labor. La oportunidad de compartir conceptos y reflexiones con un auditorio diverso puede trocarse en una vivencia tan valiosa como inolvidable.

Alguna vez escribí, que tal vez la velocidad y la ceguera con que los seres humanos cursamos cada día, combinada con un abanico de esnobismos tecnológicos y la convicción peregrina de que una cámara no requiere la experiencia de un operador para alcanzar mejores resultados, hayan sido piezas influyentes en la conducta de algunas personas que no se detienen lo suficiente a sopesar el valor que representa el rescate de recuerdos en manos de un profesional idóneo. Somos nosotros, entonces, realizadores y fotógrafos, los primeros responsables de motivar a esa fracción del público para que distinga la trascendencia de la tarea que llevamos a cabo.

Si entendemos que existen determinadas tendencias sociales que desfavorecen o subestiman nuestro oficio, contrapongámoslas, entonces, con argumentos, actos y razones; pero ya no sólo dentro de foros y grupos exclusivos para profesionales, hagámoslo afuera, extendamos la voz hasta el terreno donde “escucha” nuestro cliente posible. Salgamos a contar nuestro oficio.

Porque considero beneficiosa la existencia de comunidades virtuales donde los realizadores nos reunimos para departir y compartir, soy administrador de Fotógrafos y Videastas Profesionales Argentinos y uno de sus fundadores, un grupo localizable en facebook; pero no dejo de reconocer tanto las limitaciones de estos grupos como los impedimentos para conseguir determinados propósitos. Quienes persiguieran extender o reivindicar el mérito de nuestro oficio o alcanzar la valoración (o revaloración) de nuestra actividad, no siempre podrían lograrlo desde estos espacios velados al resto del mundo.

El pasado domingo 17 de mayo, volví a comprender que hablar ante el público no profesional, contar mi experiencia, enseñar, sugerir, exponer y sacar mi oficio de la panza de la Internet era, en cierto modo, “salir a la calle”, “salir a contar mi oficio”. Para lo que no necesité, por supuesto, montar un piquete ni mucho menos, sino aprovechar mis herramientas y lo mejor que con ellas los realizadores audiovisuales podemos hacer: conquistar con la imagen y mostrar con la palabra.

Ariel García
Realizador Audiovisual

Ariel García

Crea tu insignia

Charla informativa de Ariel García en la Expo Boda y Quince Rosario 2015

 photo Cartel Ariel garciacutea Expo Boda FINAL_zpsypwbmdyc.jpg
 photo Cartel Expo 2015 GENERAL_zpss5wsocbb.jpg

Este año volveré a compartir con los asistentes a la Expo Boda y Quince Rosario 2015 parte de la experiencia conseguida en mis veinticinco años de labor audiovisual, ¿de qué modo?, acercando sugerencias al público, colaborando con opiniones y criterios, respondiendo todas las dudas y exhibiendo videos. La charla será amena y aportará información necesaria. Con seguridad resultará de provecho para todos.

Entrevista que me hiciera la revista de video y fotografía profesional Punto Magazine, en el marco de la Expo Boda y Quince Litoral 2015 / Rosario:
http://puntomagazine.net/?p=9681

Más información: Expo Boda y Quince Rosario 2015

Ariel García

Crea tu insignia

Filosofía del Video Social 3: “Exponiendo la privacidad del cliente”

 photo FilosofiacuteadelVideoSoical3_zpsb0911669.jpg

En esta ocasión me referiré a la práctica frecuente de un acto que los videógrafos hemos extendido en la red informática; costumbre que, según mi criterio, encierra un dilema:

“¿Actuamos conforme a la ética profesional cuando, desde algunos de los espacios que proporciona la Internet, divulgamos sin reserva los audiovisuales que hemos realizado para nuestros clientes?”

Quienes ejercemos este oficio sabemos que las imágenes y los sonidos recogidos en determinados acontecimientos comprenden episodios de la vida privada de las personas, ¿qué causas nos llevan a retirarlos de un terreno cuasi reservado para situarlos en las áreas públicas del ciberespacio?, ¿tentaciones de índole comercial?, ¿esperanzas de ganar nuevos clientes exponiendo la intimidad de otros? Alargo el interrogante hasta los foros y grupos de videógrafos en las redes sociales, ¿se trata de la necesidad de elevar nuestro prestigio dentro de la tribu?, ¿de ser aceptados o reconocidos como uno de sus miembros?, ¿de convertirnos en chamanes depositarios de sabiduría? O sencillamente ¿ostentamos adquisiciones y logros?, ¿fanfarroneamos?, ¿anhelamos la aprobación?, ¿el reconocimiento?, ¿el aplauso? … No tengo las certezas ni todas las respuestas, tal vez nada de lo escrito es admisible, tal vez todo, tal vez sólo las combinaciones disímiles y en consonancia con cada una de nuestras personalidades. No abandonaré el párrafo sin dejar una rendija para los actos más nobles, ya que a algunos compañeros no los impulsará el ego o la vanidad sino el auténtico deseo de beneficiar al clan, esto me consta; en tal caso ¿bastan los argumentos de carácter altruista para justificar la indiscreción? ¿Y si no fuese indiscreción sino una suerte de acto irreflexivo, sin deliberación?

Hace algún tiempo, junto a otros compañeros, viví la experiencia que me acercaría una conclusión posible a este dilema: ¿Y si al estímulo que rige la tendencia a divulgar los audiovisuales que hemos realizado para nuestros clientes lo constituyera un insólito principio de propiedad?

Ante un grupo de colegas (mesa de bar y café por medio) un realizador afirma que el video producido por encargo de un cliente “es nuestro”, que no necesitamos su autorización “para usarlo” y otros disparates por el estilo. Según escucho, no es el único que asume esta postura. A unos les parece lógica y la respaldan, otros la rechazan. El debate comienza a subir el tono. Con ánimo de aflojar la discusión, y consciente de que me desplazo a un extremo en el juego de las comparaciones, arguyo que yo no permito al arquitecto que diseñó mi casa utilizar el baño, tampoco al albañil que lo construyó; además, sería improbable que a alguno de ellos se le ocurriera saltar el tapial si pasara por aquí y tuviera necesidad.

No existen comparaciones exactas, por lo tanto algunos pensarán que no es viable relacionar la construcción de un baño con la de un video, y esto, de alguna manera, puede ser cierto o discutible. Válgame aclarar que el modelo alude al concepto de la intimidad y de pertenencia. Según mi criterio, el cliente es el único propietario del trabajo que hemos realizado, por el cual ha pagado la cifra estipulada por nosotros; incluso, exponer parte de él en nuestro estudio podría ser comprensible para la mayoría (no para todos) pero de ahí a asegurar que las imágenes nos pertenecen es “saltar el tapial”.

Para quienes buscan ser llamados artistas dejo otro interrogante. Guardando las inmensas distancias intelectuales, entre otras, pero persiguiendo los mismos conceptos: ¿Leonardo da Vinci era el propietario de las obras que le encargaban o sólo de su genialidad, el diseño y las herramientas con que las creaba?

Independientemente de los planteamientos volcados en este artículo, que me tiene como su autor, soy videógrafo, por lo que siento la obligación de admitir que también yo he colocado numerosos audiovisuales en la Internet, y aunque es cierto que generalmente contaba con el consentimiento de mi cliente para publicarlos, no apruebo mi proceder ni escapo a la crítica. Cuando percibí que mi comportamiento no era aconsejable dejé de hacerlo.

Si bien mi escrito busca convertirse en percutor de reflexiones, no sería justo que lo concluyera sin manifestar mi posición respecto al tema. En la actualidad, salvo circunstancias especiales y de carácter didáctico o ilustrativo, los trabajos que realizo poco traspasan la puerta de mi oficina, casi sólo en ella los muestro y ante las personas interesadas. Si un compañero me peguntara cuál es la diferencia entre presentarlos, por ejemplo, en un grupo de facebook (donde no los exhibo) y mi estudio o un taller de formación audiovisual (donde sí lo hago, con reservas) respondería que son innumerables, aunque podría resumirlas manifestando que no comparto la idea de una difusión masiva, incontrolada e indeleble de una obra que poco me pertenece, ya que el grueso de los audiovisuales que compongo tiene un cliente.

Una vez más, he querido hacerlos partícipes de lo que pienso. Estimo que la dirección y el objetivo del texto son claros para el lector, aunque no me iré sin recordar a algún compañero despistado que la pretensión de este artículo no es sermonear a los realizadores que exponen trabajos audiovisuales en la Internet; los amigos que lo hacen no dejarán de ser personas dignas de mi confianza y respeto.

Como he manifestado en la primera entrega de este proyecto, la Filosofía del Video Social reflexiona respecto al papel del realizador audiovisual en el escenario social y aborda el conjunto de hechos y circunstancias con los que se topa al desempeñar su labor. Según mi parecer, respuestas claras y concretas a determinados interrogantes permitirán reconocer y actualizar su misión, como también acercarnos a la verdadera magnitud de su rol, sin subestimarlo ni mistificarlo. Los textos que componen el proyecto Filosofía del Video Social constituyen un cúmulo de pensamientos abiertos al intercambio.

Ariel García
Realizador Audiovisual

Proyecto Filosofía del Video Social: https://www.facebook.com/filosofiadelvideosocial

Ariel García

Crea tu insignia