Charla informativa de Ariel García en la Expo Boda y Quince Rosario 2015

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Este año volveré a compartir con los asistentes a la Expo Boda y Quince Rosario 2015 parte de la experiencia conseguida en mis veinticinco años de labor audiovisual, ¿de qué modo?, acercando sugerencias al público, colaborando con opiniones y criterios, respondiendo todas las dudas y exhibiendo videos. La charla será amena y aportará información necesaria. Con seguridad resultará de provecho para todos.

Entrevista que me hiciera la revista de video y fotografía profesional Punto Magazine, en el marco de la Expo Boda y Quince Litoral 2015 / Rosario:
http://puntomagazine.net/?p=9681

Más información: Expo Boda y Quince Rosario 2015

Ariel García

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Filosofía del Video Social 3: “Exponiendo la privacidad del cliente”

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En esta ocasión me referiré a la práctica frecuente de un acto que los videógrafos hemos extendido en la red informática; costumbre que, según mi criterio, encierra un dilema:

“¿Actuamos conforme a la ética profesional cuando, desde algunos de los espacios que proporciona la Internet, divulgamos sin reserva los audiovisuales que hemos realizado para nuestros clientes?”

Quienes ejercemos este oficio sabemos que las imágenes y los sonidos recogidos en determinados acontecimientos comprenden episodios de la vida privada de las personas, ¿qué causas nos llevan a retirarlos de un terreno cuasi reservado para situarlos en las áreas públicas del ciberespacio?, ¿tentaciones de índole comercial?, ¿esperanzas de ganar nuevos clientes exponiendo la intimidad de otros? Alargo el interrogante hasta los foros y grupos de videógrafos en las redes sociales, ¿se trata de la necesidad de elevar nuestro prestigio dentro de la tribu?, ¿de ser aceptados o reconocidos como uno de sus miembros?, ¿de convertirnos en chamanes depositarios de sabiduría? O sencillamente ¿ostentamos adquisiciones y logros?, ¿fanfarroneamos?, ¿anhelamos la aprobación?, ¿el reconocimiento?, ¿el aplauso? … No tengo las certezas ni todas las respuestas, tal vez nada de lo escrito es admisible, tal vez todo, tal vez sólo las combinaciones disímiles y en consonancia con cada una de nuestras personalidades. No abandonaré el párrafo sin dejar una rendija para los actos más nobles, ya que a algunos compañeros no los impulsará el ego o la vanidad sino el auténtico deseo de beneficiar al clan, esto me consta; en tal caso ¿bastan los argumentos de carácter altruista para justificar la indiscreción? ¿Y si no fuese indiscreción sino una suerte de acto irreflexivo, sin deliberación?

Hace algún tiempo, junto a otros compañeros, viví la experiencia que me acercaría una conclusión posible a este dilema: ¿Y si al estímulo que rige la tendencia a divulgar los audiovisuales que hemos realizado para nuestros clientes lo constituyera un insólito principio de propiedad?

Ante un grupo de colegas (mesa de bar y café por medio) un realizador afirma que el video producido por encargo de un cliente “es nuestro”, que no necesitamos su autorización “para usarlo” y otros disparates por el estilo. Según escucho, no es el único que asume esta postura. A unos les parece lógica y la respaldan, otros la rechazan. El debate comienza a subir el tono. Con ánimo de aflojar la discusión, y consciente de que me desplazo a un extremo en el juego de las comparaciones, arguyo que yo no permito al arquitecto que diseñó mi casa utilizar el baño, tampoco al albañil que lo construyó; además, sería improbable que a alguno de ellos se le ocurriera saltar el tapial si pasara por aquí y tuviera necesidad.

No existen comparaciones exactas, por lo tanto algunos pensarán que no es viable relacionar la construcción de un baño con la de un video, y esto, de alguna manera, puede ser cierto o discutible. Válgame aclarar que el modelo alude al concepto de la intimidad y de pertenencia. Según mi criterio, el cliente es el único propietario del trabajo que hemos realizado, por el cual ha pagado la cifra estipulada por nosotros; incluso, exponer parte de él en nuestro estudio podría ser comprensible para la mayoría (no para todos) pero de ahí a asegurar que las imágenes nos pertenecen es “saltar el tapial”.

Para quienes buscan ser llamados artistas dejo otro interrogante. Guardando las inmensas distancias intelectuales, entre otras, pero persiguiendo los mismos conceptos: ¿Leonardo da Vinci era el propietario de las obras que le encargaban o sólo de su genialidad, el diseño y las herramientas con que las creaba?

Independientemente de los planteamientos volcados en este artículo, que me tiene como su autor, soy videógrafo, por lo que siento la obligación de admitir que también yo he colocado numerosos audiovisuales en la Internet, y aunque es cierto que generalmente contaba con el consentimiento de mi cliente para publicarlos, no apruebo mi proceder ni escapo a la crítica. Cuando percibí que mi comportamiento no era aconsejable dejé de hacerlo.

Si bien mi escrito busca convertirse en percutor de reflexiones, no sería justo que lo concluyera sin manifestar mi posición respecto al tema. En la actualidad, salvo circunstancias especiales y de carácter didáctico o ilustrativo, los trabajos que realizo poco traspasan la puerta de mi oficina, casi sólo en ella los muestro y ante las personas interesadas. Si un compañero me peguntara cuál es la diferencia entre presentarlos, por ejemplo, en un grupo de facebook (donde no los exhibo) y mi estudio o un taller de formación audiovisual (donde sí lo hago, con reservas) respondería que son innumerables, aunque podría resumirlas manifestando que no comparto la idea de una difusión masiva, incontrolada e indeleble de una obra que poco me pertenece, ya que el grueso de los audiovisuales que compongo tiene un cliente.

Una vez más, he querido hacerlos partícipes de lo que pienso. Estimo que la dirección y el objetivo del texto son claros para el lector, aunque no me iré sin recordar a algún compañero despistado que la pretensión de este artículo no es sermonear a los realizadores que exponen trabajos audiovisuales en la Internet; los amigos que lo hacen no dejarán de ser personas dignas de mi confianza y respeto.

Como he manifestado en la primera entrega de este proyecto, la Filosofía del Video Social reflexiona respecto al papel del realizador audiovisual en el escenario social y aborda el conjunto de hechos y circunstancias con los que se topa al desempeñar su labor. Según mi parecer, respuestas claras y concretas a determinados interrogantes permitirán reconocer y actualizar su misión, como también acercarnos a la verdadera magnitud de su rol, sin subestimarlo ni mistificarlo. Los textos que componen el proyecto Filosofía del Video Social constituyen un cúmulo de pensamientos abiertos al intercambio.

Ariel García
Realizador Audiovisual

Proyecto Filosofía del Video Social: https://www.facebook.com/filosofiadelvideosocial

Ariel García

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“El Video Social (en el mundo real)” / Ariel García

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El día viernes 29 de agosto de 2014, daré una charla en Arte en Foco, Escuela de Fotografía y Artes Audiovisuales de Rosario, reconocido centro de enseñanza.

Desarrollaré un conjunto de temas que podría resultar de provecho y aclarar muchas dudas al “realizador de videos sociales”, aportando información útil y necesaria, incluso para quienes están arriesgando los primeros pasos en el oficio o deseen conocer parte de mi experiencia profesional.

Dado que el ingreso es libre y gratuito, cualquier persona podrá concurrir, aunque es preciso reservar el espacio con anterioridad.

Día: Viernes 29 de agosto, 19HS. –  Abierta a todo público, cupos limitados.

Informes: Teléfono: 0341 – 4477019 / Corrientes 165 de 10 a 13 y de 17 a 20hs.

Lugar donde se desarrollará la charla: Arte en Foco, Escuela de Fotografía y Artes Audiovisuales, calle Corrientes 165, Rosario, Argentina.

Filosofía del Video Social 2: “Cinematografía de Bodas”

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Introducción

Hace pocos años, comenzó a extenderse entre el colectivo de realizadores un enunciado que, sin establecer claramente un concepto, aspira convertirse en una categoría dentro de la composición audiovisual: la Cinematografía de Bodas.

¿Reúne, la denominada Cinematografía de Bodas, elementos para ser considerada una clasificación o constituye sólo una expresión hermanada con la mercadotecnia? Porque si, como he leído y escuchado, las obras enmarcadas en esta condición comparten y revelan una cosmovisión, no se trataría entonces de una “nueva especie”, sino de una “versión remasterizada” de la melodía treintañera que los realizadores audiovisuales vienen entonando hace tiempo.

El Cine, viejo amigo del videógrafo

Quienes ejercemos el oficio percibimos, de cuando en cuando, una “oleada de cine” que nos salpica o empapa. Las expresiones ligadas al séptimo arte siempre han seducido al videógrafo, sólo que antes de la masiva presencia de las DSLR en el mundo de la construcción audiovisual no nos arriesgábamos a integrarlas con tanta audacia en nuestros planes publicitarios. En la actualidad, esa atracción por el cine ha consentido la pretensión peregrina de aplicar el término Cinematógrafo de Bodas a un realizador audiovisual, lo que es definitivamente erróneo ya que “Cinematógrafo” es un aparato, un dispositivo capaz de filmar y proyectar imágenes en movimiento; el término, aunque en ocasiones se extienda al espacio donde se exhiben las películas, jamás podría acomodarse a una persona..

Ya en los años del video analógico, un grupo de amantes del cine nos volvíamos locos para que la imagen lograda en nuestros trabajos se pareciera a la que mostraba la gran pantalla, ¿era “el típico grano” unos de los misteriosos generadores de tan marcada diferencia, entre un producto y otro, a nivel visual? Había mucho más que eso, lo sabíamos, y queríamos estar cerca; por eso rebuscábamos literatura con la que incorporar nociones técnicas y estéticas, estudiábamos en escuelas y universidades, aguzábamos la inventiva y fabricábamos filtros fantásticos, vías de hierro “doble T” para facilitar el travelling y otros artilugios extravagantes. En el afán por aproximarnos un paso a Welles, y vincular nuestro humilde trabajo con su magnífica obra, uníamos planchas de gelatina, una conjunción de color y pantalla oscura en el mismo filtro. Aplicábamos bandas negras de diferentes medidas a la lámina virgen y obteníamos como resultado franjas de sombra suave sobre los objetos. Pero nunca pudimos alcanzar la indeterminación e intriga plasmadas en Citizen Kane, filme en el que, ocasionalmente, se combinaron objetivos de distancia focal corta con grandes angulares y película más sensible, logrando esa profundidad tan especial. Persiguiendo al genial Néstor Almendros llegué a “iluminar con botellas”, es decir, interponer más de una botella de vidrio coloreado ante fuentes lumínicas, el propósito era alterar la tonalidad original de la emisión, que otorgaría como resultado una variación en su temperatura cromática; el efecto era muy sugestivo. De este modo pude expresar, entre otras cosas, la variable luz del día en un corto de ficción, realizado para una pareja a punto de contraer matrimonio. Aquellos realizadores de videos “sociales”, también buscábamos traer a nuestras creaciones pizcas del arte y encanto de esa fantasía fascinante que llamamos cine.

Muchos, entre esos “filmadores” que nos reuníamos cada semana para sumergirnos en la nouvelle vague y desentrañar el trabajo de François Truffaut o Jean-Luc Godard, por citar sólo algunos, sabemos que al “cine” no lo caracteriza especialmente la estrechez en la profundidad de campo. Cuando llegó a mis manos la “inconseguible” Metrópolis (Fritz Lang, 1927) obtuve también la certeza de que en ella cada cuadro era esencial.

Conclusión

Dicen que buena parte de los productos que los autores encuadran en la Cinematografía de Bodas comparte similitudes; esta aseveración puede ser cierta, ya que en la actualidad cuesta encontrar videos que rompan con la insistente práctica de incluir narraciones autobiográficas en el material editado, me refiero a la voz en off que relata situaciones relacionadas con la vida de los personajes, de la pareja protagonista. Sin embargo, esto tampoco es nuevo. Lo escrito no significa que considere inadecuado el recurso, sólo que, en algunos casos, estas posturas audiovisuales podrían dejar en evidencia tanto a seguidores que, por gusto o comodidad, las reproducen de manera abusiva como a profesionales que creen innovar cuando, en verdad (y sin saberlo), sólo calcan fórmulas que desconocen fueron empleadas anteriormente por los realizadores de videos “sociales”.

Según mi criterio, y en lo que a construcción de videos de bodas se refiere, las cosas no han cambiado demasiado en muchos años; reafirmo esto, aunque suene a injuria o desafío. El advenimiento de la tecnología digital, que hemos aprovechado, los soportes y la posibilidad que ha acercado la Internet en lo referente al aprendizaje por curiosidad han permitido que, en muchos aspectos y entre otras cosas, hoy se realice “mejor”, se componga “mejor” y se aprecie “mejor”, pero lo cierto es que, con exclusión del formato y las herramientas que aportan una cadena de programas específicos, el concepto que representa una boda, el significado, siempre ha sido perseguido por los realizadores idóneos.

Desde el inicio, el profesional del video procura no decepcionar al cliente, su preocupación y responsabilidad desconocen la existencia de un público “legión” para su producto. Si bien es cierto que el videasta re-construirá la realidad (la volverá a construir) en un audiovisual que modelará el mundo del espectador, los personajes concretos de su obra existen y existirán bajo idénticas condición e identidad, dentro y fuera de ella. Una boda “sucede”, más allá de nuestra intención de grabarla; no constituye una aventura que hemos preparado para que parezca real, los personajes trascienden nuestra composición.

Imaginar el Cine de Bodas como género es pensar en una categoría de conclusión predecible, un rango donde el espectador conoce, de antemano, la intención y el desenlace. No hablo de nuestra voluntad o destreza para componer una obra, que sin dudas será sobresaliente en muchos casos, sino del carácter del suceso, de su naturaleza, que también incorpora individuos o grupos de personas en un marco de episodios reales, no representados. En una boda deviene la vida, imprevisible y sorprendente, no el próximo renglón de un guión cinematográfico.

Estimo que el diverso material de archivo que manipulamos, tanto en procesos de compaginación como edición, para mostrar la realidad de una boda de forma audiovisual, acerca nuestra obra a la expresión documental.

Como he manifestado en la primera entrega de este proyecto, en mi enfoque, la Filosofía del Video Social se concibe como un sistema que estudia el modo en que los realizadores audiovisuales “crean” el video social y ahonda tanto en el contexto donde ejercita su labor como en el propósito final de la obra que compone. Reflexiona respecto a su papel en el escenario social y aborda el conjunto de hechos y circunstancias con los que se topa al desempeñar su labor. Según mi parecer, respuestas claras y concretas a determinados interrogantes permitirán reconocer y actualizar su misión, como también acercarnos a la verdadera magnitud de su rol, sin subestimarlo ni mistificarlo.

Ariel García

Realizador Audiovisual / Junio, 2014

Proyecto Filosofía del Video Social: https://www.facebook.com/filosofiadelvideosocial


Filosofía del Video Social 2 –
CC by-sa –
Ariel Rubén García

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Expo Boda y Quince Litoral 2014 / Diario “La Capital”

La producción audiovisual, un recurso que brilla en toda fiesta

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 Transcripción de la entrevista a Ariel García:

Los recursos tecnológicos de la última década imprimieron cambios sustanciales a la realización audiovisual, incluyendo a las producciones que tienen un rol protagónico en las fiestas. No hay casamiento, cumpleaños de 15 o de 50 que no tengan un video que busque sorprender, divertir y, sobre todo, emocionar.

¿Qué no debe faltar hoy en una fiesta, en cuestiones de imagen? ¿Cómo preparar un video original que contemple el gusto de los participantes y no defraude? El 13 y 14 de junio Rosario será sede de Expo Boda y Quince Litoral, un encuentro que reúne a quienes forman parte de la preparación, desarrollo y ejecución de una celebración. Uno de los temas centrales será justamente el infaltable video.

Ariel García, videasta, con amplia experiencia en el rubro será, junto a Adrián Aguiar, uno de los encargados de revelar los secretos de las realizaciones audiovisuales.

Hoy la imagen ocupa un lugar central en todo evento, ¿cuáles son los cambios más significativos de los últimos diez años?

Han sido considerables y en aspectos muy diversos. Con el advenimiento de la tecnología digital, y todo lo que ella implica, llegó también la posibilidad de comenzar a plasmar ideas que, hasta el momento, sólo tenían espacio en la imaginación del realizador de videos; esta característica también modificó algunos conceptos, generando productos nuevos o transformando tendencias ya conocidas. Si bien, tanto fotógrafos como videastas, hemos aprovechado la tecnología en favor de nuestra tarea, en ciertas ocasiones la excesiva preocupación por lo técnico termina descuidando otros costados no tan palpables pero igualmente importantes. Hay un aspecto siempre vigente, un valor que no debiera subestimarse ni dejarse jamás de lado desde que ha iniciado el proceso de la construcción audiovisual, no dudaría en nombrar: la sensibilidad. La sensibilidad del realizador de videos, la sensibilidad del fotógrafo.

¿Qué lugar ocupan las fotos, el video y todo recurso de imagen en el evento?

Ocupan un lugar relevante, tanto en la fiesta como después de ella, ya que video y fotografía acrecientan su valor con el transcurso del tiempo. La preponderancia de la imagen está ligada al significado que cada familia le otorga al archivo de sus recuerdos. Pero también, y esto es muy importante, a la consideración del realizador; si como profesionales sólo nos preocupamos de solventar necesidades del presente, sin asumir que nuestra composición podría completarse con el aprecio de las generaciones futuras, quizá no le estemos dando el mejor consejo a nuestro cliente.

—¿Con cuánta antelación debe contratarse este servicio?

Nunca es conveniente esperar a último momento. Siempre hago hincapié en la importancia que guarda el primer encuentro entre el cliente posible y el profesional, reunión que no debiera ser breve y a las apuradas, ya que en ella es posible advertir si el estilo del fotógrafo o videasta es compatible con el modo de ver el mundo de quienes tienen la intención de contratarlos. Más allá de la estricta grabación de una fiesta de bodas o quince años, contamos con alternativas interesantes que no podríamos organizar en menos dos reuniones, entre esas alternativas están los cortometrajes. En ellos es indispensable la construcción previa de un guión. Estas historias, y si el argumento lo requiriera, podrán incorporar animaciones, doblajes y el vestuario más diverso. En los encuentros tratamos los temas más variados, desde lo estrictamente relacionado con el servicio contratado hasta cuestiones laterales; hay que conversar mucho con el cliente pero, sobre todo, escucharlo.

¿La gente es permeable a las propuestas?

El público está abierto a escuchar las propuestas. En ocasiones, han llegado a mi estudio personas con ideas muy estructuradas, que en algún momento pudieron parecer posturas cerradas o inamovibles, pero cuando lo consideraron necesario las abrieron en pos de una opción más adecuada o una transformación en beneficio del acontecimiento. En este tema, no quiero dejar fuera un aspecto importante: la confianza, esa que no se alcanza sólo con la calidad de nuestros trabajos, sino atendiendo las expectativas del cliente, respetándolo y dedicándole el tiempo necesario.

¿Se tiende mucho a la copia de lo que se vio en otras fiestas?

Sabemos que la curiosidad y la imitación son características acentuadas en nuestra especie. Por y con la curiosidad nos convertimos en exploradores, en investigadores e interactuamos con nuestros vecinos. El público que llega a mi estudio, suele deslizar comentarios respecto a lo visto en tal o cual fiesta, a la posibilidad de transformar o adaptar lo descubierto aquí o allá, y eso es válido. Aunque, por lo menos en mi caso, intento delinear ideas nuevas y no apoyarme en lo que otro realizador ha compuesto. Ser original es no abandonar la construcción de un estilo, una expresión estética; encontrar argumentos en otras áreas, como pueden ser la literatura o la pintura, o en nuestro viejo amigo el cine, por ejemplo, contribuyen a la singularidad de nuestro producto.

¿Cómo encontrar un equilibrio para que los recursos de imagen ocupen en la fiesta el lugar justo?

Deben formar parte del todo. Los audiovisuales cuentan con mayor aceptación, o acrecientan las posibilidades de éxito, si funcionaban como eslabones comprometidos con el resto de la cadena que conforma la totalidad del suceso. A mí me gusta contar historias, en ellas actúan los familiares y amigos de mis clientes, nos divertimos mucho grabándolas, ya que busco escribir guiones que rompan con lo que se viene viendo en bodas y quince años. Luego serán los protagonistas y el resto de las personas que actuaron, con el entusiasmo de quienes han formado parte “de una película”, los encargados de crear las expectativas para que, en el momento de la proyección, “no vuele ni una mosca”. Claro que todo esto tiene una construcción previa, pero una buena historia nunca aburre al espectador.

Diario: La Capital / Rosario, 08 de junio de 2014 / Entrevista a Ariel García

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Ariel García

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Ariel García presente en la Expo Boda y Quince Rosario 2014

Me han invitado a dar una charla en el Ros Tower Hotel el día 14 de junio, ya que en sus salones tendrá lugar la “Expo Boda y Quince Rosario 2014” (Argentina). En esta ocasión mi exposición no estará dirigida especialmente a los colegas sino a las personas que, a punto de celebrar una fiesta de quince años o contraer matrimonio, encuentren interesantes los temas que propondré. La intención es trasladarles parte de mi experiencia en el terreno de la realización audiovisual, ¿de qué modo?, acercando sugerencias, colaborando con opiniones y compartiendo criterios. Esta charla, sin duda, aportará información útil y necesaria, por lo que podría resultar de provecho y aclarar muchas dudas, tanto en lo que respecta al video de la boda como el del festejo de quince años.
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Fotografías tomadas en el momento de la charla:

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